El aprendizaje escolar no comienza el primer día de clase. Mucho antes de que aparezcan la lectura, la escritura o el cálculo formal, el desarrollo infantil va sentando las bases que permitirán adquirir estas habilidades con mayor o menor facilidad.
Comprender cómo se construyen estas bases ayuda a acompañar el proceso con mayor seguridad y a detectar cuándo algo se separa del desarrollo esperado.
Las habilidades académicas no aparecen de forma aislada. Se apoyan en procesos previos que se van consolidando durante la primera infancia con son el lenguaje, el desarrollo motor o la regulación emocional que va madurando en los primeros años.
El lenguaje oral es una de las bases más relevantes del aprendizaje posterior.
Antes de aprender a leer es necesario tener un vocabulario adecuado, comprender mensajes complejos y más tardes identificar sonidos dentro de las palabras.
Un desarrollo lingüístico sólido facilita el acceso a la lectura y la escritura más adelante.
La capacidad para mantener la atención, planificar una tarea o inhibir impulsos también forma parte de las bases del aprendizaje. Estas habilidades, conocidas como funciones ejecutivas no siempre son evidentes en los primeros años, pero tienen un impacto significativo en la etapa escolar. Se desarrollan progresivamente y sirve para: seguir instrucciones, organizar el trabajo, afrontar las dificultades o gestionar la frustración.
Las bases del aprendizaje se construyen mucho antes de que aparezcan los contenidos escolares formales. Acompañar este proceso con información y criterio permite intervenir cuando es necesario y, al mismo tiempo, respetar los ritmos individuales.
Comprender las bases no significa anticipar la escolarización, sino fortalecer los cimientos sobre los que se apoyará el aprendizaje futuro.